12/02/2024
La epilepsia es una condición neurológica que afecta a millones de personas en todo el mundo, caracterizada por la ocurrencia de convulsiones recurrentes e impredecibles. Comprender esta condición es fundamental, no solo para quienes la padecen, sino también para sus familiares, amigos y cualquier persona que pueda presenciar una crisis. Lejos de ser un “ataque epiléptico”, como a veces se le denomina erróneamente, una crisis epiléptica es una manifestación de una actividad eléctrica cerebral anormal. Conocer las medidas adecuadas de primeros auxilios y las precauciones necesarias puede marcar una diferencia crucial, evitando lesiones y complicaciones peligrosas. Este artículo busca arrojar luz sobre qué debe evitar una persona con epilepsia, cómo actuar durante una crisis y qué desencadena estas manifestaciones, proporcionando información vital para un manejo seguro y efectivo.

Entendiendo la Epilepsia y Sus Desencadenantes
La epilepsia se origina cuando cambios en el tejido cerebral provocan que este se vuelva excesivamente excitable o irritable. Como resultado, las células cerebrales envían señales eléctricas anómalas, lo que se traduce en convulsiones repetitivas. Es importante destacar que una única convulsión que no se repite no se considera epilepsia; el diagnóstico se establece ante la recurrencia de estas.
Las causas de la epilepsia pueden ser variadas, desde afecciones de salud subyacentes hasta lesiones cerebrales, o incluso pueden ser de origen desconocido (idiopático). Algunas de las causas más comunes incluyen:
- Accidentes cerebrovasculares o accidentes isquémicos transitorios (AIT).
- Demencia, como la enfermedad de Alzheimer.
- Lesiones cerebrales traumáticas.
- Infecciones cerebrales como abscesos, meningitis, encefalitis y VIH/SIDA.
- Problemas cerebrales presentes al nacer (anomalías cerebrales congénitas).
- Lesiones cerebrales ocurridas durante o cerca del momento del nacimiento.
- Trastornos metabólicos congénitos (como la fenilcetonuria).
- Tumores cerebrales.
- Vasos sanguíneos anormales en el cerebro.
- Otras enfermedades que dañan o destruyen el tejido cerebral.
- Trastornos epilépticos congénitos (epilepsia hereditaria).
Aunque las convulsiones pueden presentarse en cualquier persona a cualquier edad, son más frecuentes en niños pequeños y adultos mayores de 65 años. Un historial familiar de convulsiones o epilepsia también puede aumentar el riesgo.
¿Qué Activa las Crisis Epilépticas?
Más allá de las causas subyacentes de la epilepsia, existen diversos factores que pueden actuar como desencadenantes de una crisis epiléptica en una persona ya diagnosticada. Si bien no todas las personas con epilepsia tienen los mismos activadores, es crucial que cada individuo identifique y, en la medida de lo posible, evite aquellos que le afectan. Algunos de los activadores comunes incluyen:
- Falta de sueño: La privación del sueño es uno de los desencadenantes más frecuentes. Mantener un horario de sueño regular y suficiente es vital.
- Estrés: Niveles elevados de estrés físico o emocional pueden precipitar una crisis. Técnicas de relajación y manejo del estrés son recomendables.
- Alcohol y drogas: El consumo de alcohol, especialmente en exceso, y el uso de drogas ilícitas pueden alterar la actividad cerebral y disminuir el umbral convulsivo.
- Fiebre o enfermedad: Infecciones o enfermedades que causan fiebre pueden aumentar la excitabilidad cerebral.
- Omisión de medicación: No tomar los medicamentos antiepilépticos según lo prescrito es una causa muy común de crisis. La adherencia al tratamiento es fundamental.
- Luces parpadeantes o patrones visuales: Este es un desencadenante específico para la epilepsia fotosensible, que abordaremos en detalle a continuación.
- Cambios hormonales: En mujeres, los cambios hormonales asociados con el ciclo menstrual, el embarazo o la menopausia pueden influir en la frecuencia de las crisis.
- Deshidratación o desequilibrios electrolíticos: Mantener una hidratación adecuada es importante para la salud cerebral general.
La clave para una persona con epilepsia es llevar un registro de sus crisis y posibles desencadenantes para poder adaptar su estilo de vida y reducir la frecuencia de los episodios.
Epilepsia Fotosensible: Luces y Patrones a Evitar
La epilepsia fotosensible es un tipo particular de epilepsia en la que las crisis se desencadenan principalmente por estímulos visuales específicos. Afecta a entre un 3% y un 5% de las personas con epilepsia y es más común en niños y adolescentes entre 7 y 18 años, edades en las que la sensibilidad a los estímulos visuales es mayor.
Tradicionalmente, se ha asociado con luces intermitentes, especialmente las de color rojo. Sin embargo, investigaciones recientes, como una revisión de la literatura científica publicada en la revista Current Biology, sugieren que ciertas imágenes fijas o patrones estáticos también pueden provocar crisis en un porcentaje significativo (aproximadamente 30%) de pacientes con epilepsia fotosensible. Estos patrones suelen tener una repetición particular que induce una intensa actividad cerebral, conocida como oscilaciones gamma, que puede ser molesta incluso para individuos sanos y desencadenar migrañas.

Los principales elementos que pueden causar este tipo de crisis son:
- Televisores y monitores de ordenador.
- Videojuegos.
- Luces fluorescentes.
- Luces de discoteca.
- Patrones geométricos o repetitivos, incluso estáticos.
Un caso muy conocido que puso en el foco la epilepsia fotosensible ocurrió en Japón en 1997, cuando unos 700 niños sufrieron crisis epilépticas mientras veían un episodio de los dibujos animados de Pokémon. Este suceso demostró que la condición solo se manifiesta en algunas personas y bajo estímulos muy específicos. Los expertos señalan que, para desencadenar una crisis, el efecto luminoso debe tener una frecuencia entre 15 y 20 hercios.
Es fundamental distinguir entre la epilepsia fotosensible pura, que requiere condiciones lumínicas muy concretas, y la epilepsia mioclónica juvenil, que también puede estar asociada a la fotosensibilidad pero donde el paciente puede sufrir crisis sin necesidad de estímulos visuales. El tratamiento de la epilepsia fotosensible es individualizado; además de los autocuidados y la modificación del estilo de vida, algunos casos requieren medicación específica.
Primeros Auxilios ante una Crisis Epiléptica: Qué Hacer y Qué No Hacer
La mayoría de las crisis epilépticas son breves y terminan por sí mismas, sin necesidad de intervención para detenerlas. Sin embargo, la aplicación correcta de medidas de primeros auxilios durante una crisis puede prevenir complicaciones peligrosas y proteger al individuo. A continuación, se detalla la actitud que debe mantenerse durante los tipos de crisis más habituales.
Actitud ante una Crisis Generalizada Tónico-Clónica
Estas son las crisis más reconocibles, caracterizadas por la pérdida de conciencia, rigidez (fase tónica) y movimientos rítmicos (fase clónica). Si presencias una, sigue estos pasos:
- Proteger la cabeza: Ayuda a la persona a tumbarse en el suelo y coloca una almohada o manta doblada debajo de su cabeza para evitar golpes.
- Liberar la ropa: Afloja cualquier prenda apretada alrededor del cuello, como corbatas o cinturones, y quita las gafas.
- Retirar objetos peligrosos: Aparta cualquier objeto punzante, cortante o fuente de calor que pueda causar daño si la persona se golpea o se mueve.
- Mantener el espacio: Asegúrate de que haya suficiente espacio alrededor de la persona para evitar que se lesione con muebles u otros objetos.
- Dejar que la crisis siga su curso: No intentes sujetar con fuerza a la persona para detener sus movimientos; esto podría causar lesiones.
- Posición de recuperación: Una vez que la crisis haya terminado y los movimientos cesen, gira a la persona suavemente sobre un costado (posición lateral de seguridad). Esto es crucial para que, en caso de vómitos o salivación excesiva, los fluidos no pasen a los pulmones.
- Permanecer y tranquilizar: Quédate con la persona hasta que se recupere completamente la conciencia y esté orientada. Habla con calma y tranquilízala.
Actitud ante una Crisis Parcial Compleja
Estas crisis implican una alteración de la conciencia y pueden manifestarse con comportamientos automáticos o sin propósito, como masticar, deambular sin rumbo o manipular ropa. La persona puede parecer confundida o desorientada:
- Mantener la seguridad: Retira cualquier objeto que pueda ser peligroso en el entorno.
- Guiar con calma: Si la persona deambula sin rumbo, guíala calmadamente hacia una zona segura, lejos de peligros como escaleras o tráfico.
- No inmovilizar: Evita detener o inmovilizar a la persona por la fuerza, ya que podría reaccionar con frustración o confusión.
- Evitar confrontación: Si la persona parece enfadada o agresiva debido a la confusión post-crisis, no te enfrentes a ella. Mantén una distancia segura y un tono de voz calmado.
- Acompañar y orientar: Después de la crisis, la persona puede estar confusa y desorientada. Acompáñala hasta que se recupere por completo, ayudándola a orientarse.
- Respetar su decisión: Una vez recuperada, si la persona se siente capaz, puede reincorporarse a su actividad o trabajo.
¿Qué NO hacer ante una Crisis Epiléptica?
Es tan importante saber qué hacer como saber qué NO hacer, ya que algunas acciones bien intencionadas pueden ser perjudiciales:
- No realizar maniobras de reanimación (RCP): Salvo que la persona haya dejado de convulsionar y no respire o no tenga pulso. Las convulsiones no suelen requerir RCP.
- No introducir nada en la boca: Nunca intentes poner objetos (como cucharas o los dedos) en la boca de la persona para evitar que se muerda la lengua. Esto puede causar lesiones graves en la boca o dientes de la persona o en la mano del auxiliador. La persona no se tragará la lengua.
- No administrar nada por vía oral: No intentes dar alimentos, agua o medicamentos mientras la persona está convulsionando o inconsciente. Podría atragantarse.
- No intentar mover a la persona: Salvo que se encuentre en un lugar peligroso (por ejemplo, en medio de la carretera o cerca de una estufa caliente). En ese caso, muévela con extrema precaución para evitar lesiones.
- No intentar detener las convulsiones: No sujetes a la persona con fuerza para intentar detener los movimientos. Esto puede provocar fracturas o dislocaciones.
- No hacer suposiciones: Aunque las convulsiones son el síntoma principal de la epilepsia, pueden deberse a otras causas. Evita hacer suposiciones sobre la condición de la persona.
Cuándo se Debe Llamar a una Ambulancia o Acudir a Urgencias
Generalmente, no es necesario llamar a una ambulancia para cada crisis epiléptica, ya que la mayoría son breves y autolimitadas. Sin embargo, hay situaciones específicas en las que la asistencia médica urgente es imprescindible:
- Primera crisis: Si es la primera vez que la persona sufre una convulsión.
- Crisis atípica: Si la persona ya padece epilepsia conocida, pero esta crisis es de un tipo diferente, de duración inusualmente larga, o si se desconoce el tipo de crisis.
- Omisión de medicación: Si el paciente con epilepsia no ha tomado su medicación antiepiléptica prescrita.
- Crisis con fiebre o infección: Si la crisis ocurre durante un proceso infeccioso o se acompaña de fiebre alta.
- Problemas respiratorios post-crisis: Si, después de un minuto de haber finalizado la crisis, la persona no inicia la respiración. En este caso, además de llamar a una ambulancia, se debe iniciar respiración asistida si se sabe cómo.
- Lesiones durante la crisis: Si la persona se ha lesionado (golpes, fracturas, quemaduras) durante la convulsión.
- Crisis en racimo (Status Epiléptico): Si la persona tiene una crisis detrás de otra sin recuperar la conciencia entre ellas, o si una crisis dura más de 5 minutos. Esta es una emergencia médica grave.
- Solicitud del paciente: Si la persona, una vez recuperada, solicita asistencia médica urgente porque se siente muy mal o preocupada.
Para facilitar la comprensión de las acciones a tomar, presentamos una tabla comparativa de lo que se debe y no se debe hacer durante una crisis:
| Qué Hacer | Qué NO Hacer |
|---|---|
| Colocar una almohada o manta bajo la cabeza. | Introducir objetos en la boca. |
| Aflojar ropa ajustada (cuello, cinturón). | Sujetar a la persona para detener los movimientos. |
| Retirar objetos peligrosos del entorno. | Realizar RCP (a menos que no respire post-crisis). |
| Girar a la persona sobre un costado después de la crisis. | Administrar alimentos o líquidos durante la crisis. |
| Permanecer con la persona hasta su recuperación. | Intentar mover a la persona sin necesidad. |
| Guiar calmadamente si deambula (crisis parcial compleja). | Confrontar si la persona está confundida/agresiva. |
| Llamar a urgencias si la crisis dura >5 min o es la primera. | Hacer suposiciones sobre la causa de la convulsión. |
Preguntas Frecuentes sobre la Epilepsia
¿Es la epilepsia una enfermedad mental?
No, la epilepsia es un trastorno neurológico, lo que significa que afecta al cerebro y al sistema nervioso. No es una enfermedad mental ni un signo de debilidad intelectual.
¿Todas las convulsiones son iguales?
No, existen muchos tipos de convulsiones, que varían en sus manifestaciones. Algunas pueden ser muy evidentes, como las tónico-clónicas, mientras que otras pueden ser sutiles, como breves lapsos de atención o movimientos repetitivos.

¿La epilepsia es hereditaria?
En algunos casos, la epilepsia puede tener un componente genético y presentarse en familias. Sin embargo, muchas epilepsias no tienen una causa hereditaria conocida y pueden ser el resultado de lesiones cerebrales, infecciones u otras condiciones.
¿Se puede prevenir la epilepsia?
La prevención de la epilepsia depende de su causa. En casos donde la epilepsia es secundaria a una lesión o enfermedad, la prevención de dichas condiciones (por ejemplo, prevención de accidentes cerebrovasculares o manejo adecuado de infecciones) podría reducir el riesgo. Sin embargo, para muchas formas de epilepsia, la prevención primaria no es posible.
¿Una persona con epilepsia puede llevar una vida normal?
Sí, con un diagnóstico y tratamiento adecuados, muchas personas con epilepsia pueden llevar una vida plena y productiva. El manejo de la medicación, la evitación de desencadenantes conocidos y el apoyo adecuado son claves para controlar la condición y minimizar su impacto.
Conclusión
La epilepsia es una condición compleja pero manejable. La información y la preparación son las herramientas más poderosas para quienes conviven con ella, ya sea como pacientes o como cuidadores. Conocer los desencadenantes, saber cómo actuar durante una crisis y entender cuándo buscar ayuda médica urgente no solo protege la seguridad del individuo, sino que también reduce el miedo y la incertidumbre asociados a esta condición. La educación continua y la difusión de información precisa son esenciales para desmitificar la epilepsia y fomentar un entorno de comprensión y apoyo para todos los afectados.
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