¿Qué es el capilar venoso?

Fístula Arteriovenosa: La Conexión Irregular

08/01/2014

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En el complejo mapa de nuestro cuerpo, la sangre fluye a través de una intrincada red de vasos sanguíneos, llevando oxígeno y nutrientes vitales a cada rincón. Normalmente, este viaje es un recorrido organizado: la sangre rica en oxígeno sale del corazón por las arterias, se ramifica en diminutos capilares donde se produce el intercambio con los tejidos, y luego retorna al corazón por las venas, cargada de desechos. Pero, ¿qué sucede cuando esta autopista vital tiene un atajo inesperado? Nos referimos a la fístula arteriovenosa, una condición donde una arteria se conecta directamente con una vena, saltándose los capilares y alterando el flujo sanguíneo natural. Esta desviación puede tener implicaciones significativas para la salud, impactando desde la nutrición de los tejidos hasta la función cardíaca.

¿Cuáles son los 3 tipos de capilares?
Capilares : pequeños vasos sanguíneos que permiten el intercambio de sustancias entre la sangre y los tejidos. Capilares continuos : capilares con uniones estrechas que regulan el paso de moléculas pequeñas. Capilares fenestrados : capilares con poros que facilitan el intercambio de moléculas más grandes.

Comprender la fístula arteriovenosa es esencial para identificar sus señales y buscar la atención adecuada. A menudo, esta condición puede pasar desapercibida o ser confundida con otras afecciones, lo que subraya la importancia de una información clara y precisa. Desde fístulas congénitas, presentes desde el nacimiento, hasta las adquiridas por trauma o incluso las creadas deliberadamente con fines médicos, cada tipo presenta sus propias características y desafíos. En este artículo, desentrañaremos los misterios de esta peculiar conexión vascular, explorando sus causas, síntomas, métodos de diagnóstico y las diversas opciones de tratamiento disponibles.

¿Qué es Exactamente una Fístula Arteriovenosa?

Para entender a fondo una fístula arteriovenosa, es crucial recordar cómo funciona el sistema circulatorio en condiciones normales. Las arterias son vasos robustos que transportan sangre oxigenada desde el corazón hacia el resto del cuerpo bajo alta presión. A medida que se alejan del corazón, se ramifican en arteriolas, que a su vez se dividen en una vasta red de capilares. Estos capilares son los vasos sanguíneos más pequeños, con paredes extremadamente delgadas que permiten el intercambio de oxígeno, nutrientes y desechos entre la sangre y las células del cuerpo. Una vez que este intercambio se ha completado, la sangre desoxigenada fluye desde los capilares hacia las vénulas, que se unen para formar venas más grandes que la devuelven al corazón.

Una fístula arteriovenosa interrumpe este patrón ordenado. En lugar de que la sangre arterial pase por los capilares, se crea un conducto anormal o una conexión directa entre una arteria y una vena. Esto significa que la sangre de alta presión de la arteria se desvía directamente hacia la vena, que normalmente maneja presiones mucho más bajas. El resultado es un aumento significativo en la presión y el volumen de sangre dentro de la vena, que no está diseñada para soportar tales fuerzas. Más importante aún, los tejidos que deberían ser nutridos por los capilares que han sido “saltados” reciben un suministro de sangre reducido, lo que puede llevar a una deficiencia de oxígeno y nutrientes en esas áreas.

La Dinámica del Flujo Sanguíneo en una Fístula

Cuando se forma una fístula, la sangre toma el camino de menor resistencia. Dado que la presión en la arteria es considerablemente mayor que en la vena, una gran cantidad de sangre se desvía a través de la fístula, disminuyendo el flujo sanguíneo hacia los capilares distales a la fístula. Este fenómeno se conoce como ‘robo’ vascular, donde el flujo se roba de un área para ir a otra. La vena afectada por la fístula suele agrandarse y volverse más prominente debido al aumento del volumen y la presión. Este flujo anómalo puede generar un sonido característico, conocido como ‘soplo’ (bruit), y una vibración palpable, llamada ‘frémito’ (thrill), que pueden ser detectados por un médico durante un examen físico.

Tipos de Fístulas Arteriovenosas: Naturales vs. Creadas

Las fístulas arteriovenosas pueden clasificarse en función de su origen, lo que influye en su manejo y pronóstico. Es fundamental distinguir entre aquellas que se desarrollan de forma espontánea o como resultado de un evento y aquellas que son deliberadamente creadas con fines terapéuticos.

Fístulas Congénitas

Estas fístulas están presentes desde el nacimiento y se forman debido a un desarrollo anormal de los vasos sanguíneos durante la gestación. Pueden ser pequeñas y asintomáticas durante años, o manifestarse en la infancia con síntomas como hinchazón, decoloración de la piel o crecimiento anómalo de la extremidad afectada. Aunque raras, pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, siendo las más comunes en el cerebro, los pulmones, el hígado o las extremidades. Su complejidad radica en que a menudo son múltiples y difíciles de tratar quirúrgicamente debido a su intrincada anatomía.

Fístulas Adquiridas

A diferencia de las congénitas, las fístulas adquiridas se desarrollan a lo largo de la vida y suelen ser el resultado de un evento específico. Dentro de esta categoría, encontramos:

  • Traumáticas: Son el tipo más común de fístulas adquiridas y ocurren como resultado de una lesión que perfora simultáneamente una arteria y una vena adyacentes. Esto puede suceder por heridas de bala, puñaladas, accidentes automovilísticos o cualquier trauma penetrante. La fístula se forma cuando la sangre arterial a alta presión se filtra hacia la vena a través del punto de lesión.
  • Iatrogénicas: Estas fístulas son una complicación de procedimientos médicos. Por ejemplo, pueden formarse después de una cateterización arterial (un procedimiento donde se inserta un catéter en una arteria, como en un cateterismo cardíaco o angiografía) si la aguja o el catéter perfora accidentalmente una vena cercana. Aunque son una complicación, su incidencia es baja y a menudo se resuelven espontáneamente o con compresión.
  • Fístulas Arteriovenosas para Diálisis (Terapéuticas): Este es un tipo especial y muy importante de fístula arteriovenosa, ya que es creada quirúrgicamente de manera intencional. En pacientes con enfermedad renal terminal que requieren hemodiálisis, es necesario un acceso vascular duradero y de alto flujo para que la máquina de diálisis pueda filtrar la sangre de manera eficiente. Los cirujanos conectan una arteria (generalmente en el brazo) directamente a una vena adyacente. Esta conexión provoca un aumento del flujo sanguíneo y del tamaño de la vena, lo que la hace más fuerte y adecuada para las punciones repetidas necesarias para la diálisis. Estas fístulas son vitales para la supervivencia de muchos pacientes y requieren un cuidado especial para mantener su permeabilidad y prevenir complicaciones.

Síntomas y Diagnóstico: ¿Cómo Detectar una Fístula?

Los síntomas de una fístula arteriovenosa pueden variar ampliamente dependiendo de su tamaño, ubicación y si es congénita o adquirida. Una fístula pequeña y superficial puede ser asintomática o causar solo molestias leves, mientras que una grande o profunda puede provocar problemas graves. Reconocer las señales es el primer paso para un diagnóstico y tratamiento oportunos.

Señales Comunes de una Fístula Arteriovenosa

  • Soplo (Bruit) y Frémito (Thrill): Estos son los signos más característicos. Un soplo es un sonido silbante o zumbante que se puede escuchar con un estetoscopio sobre la fístula, causado por el flujo sanguíneo turbulento. Un frémito es una vibración palpable que se siente al tocar la piel sobre la fístula, similar a la vibración de un gato ronroneando.
  • Hinchazón y Venas Abultadas: El aumento de presión y volumen en la vena afectada puede hacer que se hinche y se vuelva visiblemente abultada o tortuosa, especialmente si la fístula es grande o superficial.
  • Dolor o Sensibilidad: Puede haber dolor en el área de la fístula o en la extremidad afectada.
  • Disminución del Suministro de Sangre a los Tejidos Distales: Debido al fenómeno de 'robo', los tejidos más allá de la fístula pueden recibir menos sangre. Esto puede manifestarse como:
    • Piel fría o pálida.
    • Entumecimiento u hormigueo.
    • Dolor al caminar (claudicación), si la fístula está en una pierna.
    • Úlceras cutáneas que no cicatrizan.
  • Insuficiencia Cardíaca de Alto Gasto: En fístulas grandes, especialmente las congénitas o traumáticas de larga data, el corazón debe trabajar más arduamente para bombear la sangre que se desvía a través de la fístula. Con el tiempo, esto puede llevar a una sobrecarga del corazón y, eventualmente, a una insuficiencia cardíaca. Los síntomas incluyen fatiga, dificultad para respirar, hinchazón en los tobillos y los pies.

Proceso Diagnóstico

El diagnóstico de una fístula arteriovenosa generalmente comienza con un examen físico exhaustivo. El médico buscará el frémito y escuchará el soplo. Si se sospecha una fístula, se pueden realizar varias pruebas de imagen para confirmar el diagnóstico y evaluar la ubicación, el tamaño y el impacto de la fístula.

Método de DiagnósticoDescripciónVentajas
Examen FísicoPalpación del frémito y auscultación del soplo.Rápido, no invasivo, primera línea de detección.
Ecografía DopplerUtiliza ondas sonoras para crear imágenes de los vasos sanguíneos y medir el flujo sanguíneo.No invasivo, sin radiación, útil para evaluar el flujo y el tamaño de la fístula.
Angiografía por Tomografía Computarizada (Angio-TC)Combina una tomografía computarizada con un medio de contraste inyectado para visualizar los vasos sanguíneos.Proporciona imágenes detalladas en 3D de la anatomía vascular.
Angiografía por Resonancia Magnética (Angio-RM)Similar a la Angio-TC pero utiliza campos magnéticos y ondas de radio.No utiliza radiación ionizante, ofrece excelentes detalles de tejidos blandos.
Angiografía ConvencionalConsiderada el 'estándar de oro'. Se inyecta un medio de contraste directamente en la arteria y se toman radiografías.Proporciona la imagen más detallada del flujo sanguíneo y la anatomía de la fístula; permite el tratamiento simultáneo.

Causas Comunes de las Fístulas Arteriovenosas

Las fístulas arteriovenosas, aunque no son extremadamente comunes, pueden surgir de diversas circunstancias. Entender sus causas es fundamental para la prevención, cuando sea posible, y para el manejo clínico adecuado.

  • Traumatismos Penetrantes: Esta es, sin duda, la causa más frecuente de fístulas arteriovenosas adquiridas. Heridas por arma blanca, proyectiles de arma de fuego o accidentes que resultan en fracturas óseas con fragmentos afilados, pueden perforar simultáneamente una arteria y una vena adyacentes. La alta presión de la sangre arterial busca la salida de menor resistencia, creando una conexión directa con la vena.
  • Complicaciones de Procedimientos Médicos (Iatrogénicas): Aunque los profesionales de la salud toman precauciones extremas, la formación de una fístula arteriovenosa puede ser una complicación rara pero posible de ciertos procedimientos invasivos. Esto incluye:
    • Cateterismos: Durante procedimientos como cateterismos cardíacos, angiografías diagnósticas o inserción de catéteres para monitoreo de presión, la aguja o el catéter pueden perforar accidentalmente una arteria y una vena cercanas, especialmente en el área de la ingle o la muñeca.
    • Biopsias: En raras ocasiones, una biopsia de órgano (como una biopsia renal o hepática) puede dañar vasos sanguíneos adyacentes y provocar la formación de una fístula.
  • Fístulas Creadas Quirúrgicamente para Hemodiálisis: Como se mencionó, estas son fístulas intencionales y vitales. Se crean para proporcionar un acceso vascular robusto y duradero para los pacientes con enfermedad renal crónica que requieren diálisis. El cirujano conecta una arteria y una vena, generalmente en el brazo, para que la vena se agrande y fortalezca, facilitando las punciones repetidas.
  • Condiciones Congénitas: Algunas personas nacen con fístulas arteriovenosas debido a un desarrollo anormal de los vasos sanguíneos durante la gestación. Estas pueden ser complejas y presentarse en diversas partes del cuerpo, incluyendo el cerebro, los pulmones o el hígado.
  • Ruptura de Aneurisma Arterial en una Vena Adyacente: En casos raros, un aneurisma (una protuberancia o dilatación en la pared de una arteria) puede romperse directamente en una vena cercana, creando una fístula. Esto es más común en la aorta abdominal o en los vasos renales.
  • Ciertas Enfermedades o Síndromes: Aunque menos comunes, algunas condiciones genéticas o enfermedades pueden predisponer a la formación de fístulas, como el síndrome de Rendu-Osler-Weber (telangiectasia hemorrágica hereditaria), que causa malformaciones arteriovenosas en varios órganos.

Es importante destacar que, en muchos casos, especialmente las fístulas pequeñas o las que son complicaciones de procedimientos, pueden no causar síntomas significativos o incluso resolverse por sí solas. Sin embargo, en otros casos, especialmente las grandes o las que persisten, pueden requerir intervención médica.

Complicaciones Potenciales: ¿Por Qué Son Preocupantes?

Si bien algunas fístulas arteriovenosas pueden ser asintomáticas o incluso beneficiosas (como las creadas para diálisis), muchas otras pueden llevar a complicaciones graves si no se diagnostican y tratan a tiempo. La desviación del flujo sanguíneo normal y el aumento de la presión en las venas son los principales mecanismos detrás de estas consecuencias.

  • Insuficiencia Cardíaca de Alto Gasto: Esta es una de las complicaciones más serias de una fístula grande. El corazón tiene que bombear un volumen excesivo de sangre para mantener la perfusión de los tejidos, ya que una parte significativa de la sangre se desvía a través de la fístula sin pasar por los capilares. Con el tiempo, este trabajo extra puede sobrecargar el corazón y llevar a una insuficiencia cardíaca, donde el corazón no puede bombear suficiente sangre para satisfacer las necesidades del cuerpo. Los síntomas incluyen dificultad para respirar, fatiga, hinchazón en piernas y pies.
  • Isquemia Distal ('Síndrome de Robo'): La sangre que se desvía a través de la fístula se 'roba' de los tejidos que se encuentran más allá de ella. Esto significa que estos tejidos reciben menos oxígeno y nutrientes, lo que puede llevar a isquemia (falta de flujo sanguíneo). Los síntomas varían según la ubicación de la fístula, pero pueden incluir dolor, entumecimiento, frío, piel pálida o azulada, e incluso úlceras que no cicatrizan o gangrena en casos severos.
  • Agrandamiento de la Vena y Aneurisma Venoso: La vena conectada a la fístula no está diseñada para soportar la alta presión y el volumen de sangre arterial. Con el tiempo, esta vena puede dilatarse y volverse tortuosa. En algunos casos, puede formarse un aneurisma venoso, una protuberancia débil en la pared de la vena que corre el riesgo de romperse y causar una hemorragia.
  • Formación de Coágulos Sanguíneos (Trombosis): El flujo sanguíneo turbulento y el estancamiento parcial en la fístula o en la vena dilatada pueden aumentar el riesgo de formación de coágulos sanguíneos. Un coágulo puede bloquear el flujo a través de la fístula o viajar a otras partes del cuerpo, causando una embolia pulmonar (si llega a los pulmones) u otras complicaciones.
  • Infección: Aunque menos común, una fístula puede infectarse, especialmente si se encuentra cerca de la piel o si se manipula de forma inadecuada (como en el caso de las fístulas para diálisis). Una infección en una fístula puede ser difícil de tratar y, si no se maneja correctamente, puede llevar a una septicemia (infección generalizada).
  • Hemorragia: Si la fístula es superficial o si la vena dilatada se debilita excesivamente, existe un riesgo de ruptura y hemorragia, que puede ser grave.

Dada la gama de posibles complicaciones, es imperativo que las fístulas arteriovenosas sean evaluadas por un especialista vascular. El manejo dependerá de la ubicación, el tamaño, los síntomas y las condiciones de salud generales del paciente.

Opciones de Tratamiento: Abordando la Fístula

El tratamiento de una fístula arteriovenosa depende de varios factores, incluyendo su tamaño, ubicación, si está causando síntomas o complicaciones, y la salud general del paciente. En algunos casos, una fístula pequeña y asintomática puede no requerir tratamiento inmediato y puede ser simplemente monitorizada. Sin embargo, si la fístula es grande, está creciendo, causa síntomas significativos o pone en riesgo la salud del paciente, la intervención se vuelve necesaria.

1. Observación y Manejo Conservador

Para fístulas pequeñas, especialmente las resultantes de un cateterismo o un trauma menor, el médico puede optar por una estrategia de 'espera vigilante'. Algunas de estas fístulas pueden cerrarse espontáneamente con el tiempo. Se puede recomendar compresión externa en el área para ayudar al cierre. Esta opción solo es viable si la fístula no causa síntomas ni complicaciones y su tamaño no es preocupante.

2. Embolización Endovascular

Este es un procedimiento mínimamente invasivo que se ha convertido en una opción de tratamiento preferida para muchas fístulas. Se realiza bajo guía de imágenes (generalmente fluoroscopia o angiografía). Un catéter delgado se inserta en una arteria o vena lejana y se navega hasta la fístula. Una vez en su lugar, se liberan materiales embolizantes para bloquear la conexión anormal. Estos materiales pueden incluir:

  • Bobinas: Pequeñas espirales de platino que inducen la formación de coágulos y bloquean el flujo.
  • Pegamentos: Sustancias líquidas que se solidifican al contacto con la sangre, sellando la fístula.
  • Partículas: Pequeñas esferas que ocluyen los vasos.

La embolización es efectiva para cerrar la fístula con menos riesgo que la cirugía abierta y un tiempo de recuperación más corto.

3. Reparación Quirúrgica Abierta

La cirugía es una opción para fístulas que no son adecuadas para la embolización, son muy grandes, están en ubicaciones complejas o han causado complicaciones significativas. El tipo de cirugía dependerá de la fístula, pero los enfoques comunes incluyen:

  • Ligadura: Se cierra o se corta la conexión anormal entre la arteria y la vena.
  • Resección y Reparación: Se extirpa la parte del vaso que contiene la fístula y se reparan los vasos restantes. En algunos casos, puede ser necesario un injerto (un segmento de vaso sanguíneo de otra parte del cuerpo o un material sintético) para reconstruir la arteria o vena dañada.

La cirugía abierta permite una visualización directa de la fístula y los vasos circundantes, lo que puede ser ventajoso en casos complejos.

4. Manejo Específico para Fístulas de Diálisis

Las fístulas arteriovenosas creadas para hemodiálisis son un caso especial, ya que son intencionales y necesarias. El objetivo del tratamiento en estas fístulas no es cerrarlas, sino mantener su funcionalidad y manejar las complicaciones que puedan surgir. Esto puede incluir procedimientos para:

  • Angioplastia y Stenting: Para abrir estrechamientos (estenosis) que pueden formarse en la fístula o en las venas que la drenan, mejorando el flujo.
  • Trombectomía: Para eliminar coágulos que pueden bloquear la fístula.
  • Revisión Quirúrgica: Para corregir problemas complejos o crear un nuevo acceso si la fístula existente falla.

El cuidado de una fístula de diálisis es un aspecto crucial de la vida del paciente con enfermedad renal terminal y requiere monitoreo regular por parte de su equipo médico.

Vivir con una Fístula: Cuidados y Prevención

El manejo de una fístula arteriovenosa, ya sea una condición médica o un acceso vital para diálisis, implica una serie de cuidados y consideraciones para asegurar el mejor resultado posible y prevenir complicaciones. Aunque la prevención de fístulas traumáticas es difícil, en otros contextos, se pueden tomar medidas.

Cuidados Generales y Monitoreo

  • Educación del Paciente: Es fundamental que los pacientes y sus cuidadores comprendan qué es una fístula, sus síntomas y la importancia de un monitoreo regular. Saber reconocer un frémito o un soplo es clave para detectar cambios.
  • Evitar Traumatismos en la Zona: Si se tiene una fístula, especialmente una superficial o de diálisis, es crucial proteger el área de golpes, cortes o presión excesiva. Evitar la ropa ajustada, joyas o dormir sobre el brazo con la fístula.
  • Higiene Adecuada: Mantener la piel sobre la fístula limpia y seca es vital para prevenir infecciones, especialmente en fístulas de diálisis que se puncionan regularmente.
  • Monitoreo de Síntomas: Estar atento a cualquier cambio en el color, temperatura o tamaño de la extremidad afectada, así como a la aparición de dolor, hinchazón, o signos de insuficiencia cardíaca. Cualquier cambio debe ser comunicado al médico de inmediato.
  • Seguimiento Médico Regular: Las visitas periódicas al especialista vascular o al nefrólogo (en el caso de fístulas de diálisis) son esenciales para evaluar la fístula, realizar pruebas de imagen si es necesario y ajustar el plan de manejo.

Prevención de Fístulas Adquiridas (No Diálisis)

La prevención de fístulas arteriovenosas adquiridas, especialmente las traumáticas, se centra en la seguridad general y en la minimización de riesgos en procedimientos médicos:

  • Seguridad en el Hogar y Trabajo: Tomar precauciones para evitar accidentes con objetos punzantes o contusiones severas.
  • Técnica Cuidadosa en Procedimientos Médicos: Los profesionales de la salud están capacitados para realizar cateterismos y otras intervenciones con la máxima precaución para evitar la perforación accidental de vasos adyacentes.
  • Control de Enfermedades Subyacentes: Aunque no previenen directamente la fístula, el buen control de condiciones como la hipertensión puede mantener la salud vascular general.

En el caso de las fístulas para diálisis, el objetivo no es prevenir su formación, sino asegurar su longevidad y funcionalidad. Esto implica un estricto protocolo de cuidado durante las sesiones de diálisis y un seguimiento continuo para detectar y tratar cualquier complicación a tiempo.

Preguntas Frecuentes sobre la Fístula Arteriovenosa

Es natural tener muchas preguntas cuando se trata de una condición médica como la fístula arteriovenosa. Aquí respondemos algunas de las dudas más comunes:

¿Es dolorosa una fístula arteriovenosa?

No necesariamente. Una fístula pequeña y profunda puede ser completamente asintomática. Sin embargo, las fístulas más grandes o superficiales pueden causar dolor, sensibilidad o una sensación de pulsación en el área. Si la fístula causa complicaciones como isquemia o hinchazón, el dolor puede ser significativo.

¿Una fístula siempre requiere tratamiento?

No. Algunas fístulas pequeñas, especialmente las resultantes de un procedimiento médico, pueden cerrarse espontáneamente o ser tan insignificantes que no causan problemas y solo requieren observación. Sin embargo, si la fístula es grande, está creciendo, causa síntomas, afecta la función de los órganos o compromete la extremidad, el tratamiento es necesario para prevenir complicaciones graves.

¿Se puede prevenir una fístula arteriovenosa?

Las fístulas congénitas no se pueden prevenir. Las fístulas traumáticas se previenen evitando lesiones penetrantes. Las fístulas iatrogénicas (por procedimientos médicos) son raras y, aunque no se pueden prevenir al 100%, los médicos toman precauciones para minimizarlas. Las fístulas para diálisis son creadas intencionalmente, por lo que no se busca prevenirlas, sino cuidarlas.

¿Qué es una fístula para diálisis y por qué se hace?

Una fístula para diálisis, o fístula arteriovenosa para hemodiálisis, es una conexión quirúrgica entre una arteria y una vena, generalmente en el brazo. Se crea para proporcionar un acceso vascular duradero y de alto flujo para los pacientes con enfermedad renal terminal que necesitan hemodiálisis. La alta presión de la arteria hace que la vena se agrande y fortalezca, lo que facilita las punciones repetidas con agujas grandes necesarias para el proceso de diálisis. Es el tipo de acceso preferido por su durabilidad y menor riesgo de infección en comparación con otros métodos.

¿Cuánto tiempo se tarda en recuperar de un tratamiento de fístula?

El tiempo de recuperación varía considerablemente según el tipo de tratamiento. Para la embolización endovascular, la recuperación suele ser más rápida, con los pacientes regresando a sus actividades normales en pocos días. La cirugía abierta, al ser más invasiva, puede requerir varias semanas de recuperación, dependiendo de la complejidad del procedimiento y la ubicación de la fístula.

¿La fístula puede volver a abrirse después del tratamiento?

En algunos casos, especialmente después de una embolización o ligadura, existe una pequeña posibilidad de que la fístula se recanalice (vuelva a abrirse) o que se forme una nueva fístula. Por esta razón, el seguimiento regular con el médico es importante para detectar cualquier recurrencia.

La fístula arteriovenosa es una condición vascular que, aunque a menudo pasa desapercibida, puede tener un impacto significativo en la salud si no se maneja adecuadamente. Desde sus orígenes congénitos o traumáticos hasta su papel vital en la diálisis, su comprensión es fundamental. Al estar informados sobre sus síntomas, causas y opciones de tratamiento, los pacientes pueden trabajar en conjunto con sus equipos médicos para asegurar el mejor pronóstico posible y mantener la salud de su sistema circulatorio.

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