¿Qué son las células capilares?

Células Capilares Cerebrales: Guardianas del Cerebro

10/03/2024

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Cuando hablamos de 'células capilares' en el contexto del cerebro, nos referimos principalmente a las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos más pequeños, los capilares cerebrales. Estas células no son simples conductos; son componentes altamente especializados y críticos que forman una barrera protectora fundamental para la salud y el funcionamiento óptimo de nuestro sistema nervioso central. Su arquitectura y bioquímica únicas las convierten en guardianas meticulosas, controlando con precisión qué sustancias entran y salen del delicado entorno cerebral. Comprender su función es adentrarse en uno de los mecanismos de defensa más sofisticados del cuerpo humano, garantizando la estabilidad y protección del órgano más vital.

¿Cómo se llaman las capas del pelo?
La Médula: la capa más profunda del cabello, sólo se ve en los pelos grandes y gruesos. La Corteza: la capa media del cabello que proporciona la fuerza, el color y la textura de una fibra capilar. La Cutícula: la capa externa del cabello, es delgada e incolora. Sirve de protección a la corteza.

La singularidad de estas células capilares cerebrales reside en su morfología, bioquímica y función, que están perfectamente adaptadas para las tareas específicas de los vasos sanguíneos en el cerebro. A diferencia de las células endoteliales en otras partes del cuerpo, las que se encuentran en el cerebro establecen lo que conocemos como la Barrera Hematoencefálica (BBB), una estructura que es esencial para la homeostasis cerebral y la protección contra agentes nocivos.

Índice de Contenido

Las Células Endoteliales Capilares y la Barrera Hematoencefálica (BBB)

La Barrera Hematoencefálica (BBB) es una estructura altamente selectiva que protege el cerebro de toxinas, patógenos y fluctuaciones abruptas en la composición sanguínea, manteniendo así un entorno interno estable y óptimo para la transmisión neural. Las células capilares cerebrales, es decir, las células endoteliales que revisten estos capilares, son los principales componentes de esta barrera.

Una de las características más distintivas de estas células endoteliales es la ausencia de fenestraciones (pequeños poros) y una actividad pinocitótica extremadamente baja. Esto significa que el paso de sustancias a través de ellas es altamente restringido, a diferencia de los capilares en otros tejidos que permiten un intercambio más libre. Para compensar esta restricción, las células endoteliales cerebrales están interconectadas por una intrincada red de uniones estrechas (tight junctions). Estas uniones, compuestas por moléculas transmembrana como claudina 3 y 5, ocludina, y la molécula de adhesión de la unión-A, se encuentran ancladas al citoesqueleto de actina mediante proteínas citoplasmáticas como ZO-1, ZO-2, AF-6, 7H6 y cingulina. Estas uniones sellan eficazmente el espacio entre las células, inhibiendo la difusión paracelular (entre células) de solutos que podrían ser perjudiciales para el delicado medio requerido para la transmisión neural.

A pesar de esta estricta barrera física, el cerebro necesita un suministro constante de nutrientes. Por ello, las células endoteliales capilares cerebrales expresan mecanismos de transporte activos y específicos que aseguran la entrada de nutrientes esenciales al sistema nervioso central, como glucosa y aminoácidos, de una manera controlada y regulada. Esto demuestra la sofisticada naturaleza de la BBB, que no solo excluye lo dañino, sino que también facilita activamente lo necesario.

Para que la BBB sea completamente funcional, estas células endoteliales interactúan con capas celulares y acelulares adyacentes, formando lo que se conoce como la unidad neurovascular. Estas capas incluyen la membrana basal endotelial subyacente, en la cual se encuentran incrustados un gran número de pericitos. Los pericitos son células de soporte que envuelven los capilares y contribuyen a la estabilidad y regulación de la BBB. Además, una capa envolvente de pies terminales astrocíticos (extensiones de los astrocitos, células gliales) y su membrana basal parenquimatosa asociada, también son cruciales. A nivel de los capilares, esta membrana basal parenquimatosa se fusiona con la membrana basal endotelial, creando una estructura robusta que optimiza la función de barrera y el intercambio selectivo.

El Plexo Coroideo y la Barrera Hematoencefalorraquídea (BCSFB)

Más allá de la Barrera Hematoencefálica, existe otra barrera fundamental para el sistema nervioso central: la Barrera Hematoencefalorraquídea (BCSFB), que se forma en el plexo coroideo. Aunque no implica directamente a las células capilares cerebrales en el mismo sentido que la BBB, es crucial para entender el entorno fluido del cerebro.

El cerebro humano posee cuatro plexos coroideos, uno en cada uno de los cuatro ventrículos cerebrales. Estas estructuras juegan un papel central en la formación y regulación del Líquido Cefalorraquídeo (LCR). El plexo coroideo está compuesto por una única capa de células epiteliales cuboidales que se extiende desde la superficie ventricular hacia la luz de los ventrículos, encerrando una extensa red de capilares.

El LCR se forma en los ventrículos mediante la filtración del plasma desde la sangre a través de las capas endotelial y epitelial del plexo coroideo. Una diferencia clave con la BBB es que, a diferencia de las células endoteliales de los vasos dentro del cerebro, las células endoteliales de los capilares del plexo coroideo no tienen uniones estrechas y están fenestradas, permitiendo el libre movimiento de moléculas desde la sangre hacia el espacio intersticial del plexo coroideo. Sin embargo, la verdadera barrera en este punto la forman las células epiteliales del plexo coroideo. Estas células están interconectadas por uniones estrechas apicales, formando así la BCSFB.

La formación de numerosas microvellosidades en la superficie apical de las células epiteliales del plexo coroideo resulta en un aumento significativo del área de superficie. En esta superficie expandida se expresan múltiples sistemas de transporte, los cuales mantienen el transporte dirigido de iones y nutrientes a través de esta capa celular, al mismo tiempo que inhiben la difusión de agentes tóxicos hacia el LCR. De esta manera, la BCSFB asegura que el LCR tenga una composición química precisa, esencial para el funcionamiento neuronal.

El Líquido Cefalorraquídeo (LCR) y su Circulación

El Líquido Cefalorraquídeo (LCR) es un fluido transparente y vital que rodea el cerebro y la médula espinal. Su importancia radica en varias funciones cruciales: proporciona flotabilidad al cerebro, protegiéndolo de los golpes y reduciendo su peso efectivo; actúa como un amortiguador mecánico; y es fundamental para mantener la estabilidad química del entorno neural, eliminando productos de desecho metabólicos.

Como se mencionó, la mayor parte del LCR se produce en los ventrículos laterales por el plexo coroideo, a partir de la sangre arterial y la actividad metabólica de sus células epiteliales. En un organismo maduro, la entrada directa del LCR al parénquima cerebral está inhibida por una capa de células ependimarias que recubren los ventrículos.

El flujo del LCR es un proceso dinámico y bien orquestado. Impulsado por las pulsaciones del plexo coroideo y la acción de los cilios epiteliales en la superficie apical del plexo coroideo, el LCR se mueve desde los ventrículos laterales, a través del tercer y cuarto ventrículo. Desde allí, pasa por los orificios de salida del tronco encefálico para llenar el espacio subaracnoideo, que cubre las superficies externas del cerebro y la médula espinal.

En humanos, el volumen de LCR oscila entre 140 y 200 ml. Sin embargo, la producción diaria de LCR promedia más de 500 ml, lo que significa que el fluido se renueva completamente entre tres y cinco veces al día. Este alto ritmo de recambio es crucial para la eliminación eficiente de desechos.

La mayor parte del LCR drena de nuevo a la sangre a través de las vellosidades aracnoideas. Estas son pequeñas protuberancias de la aracnoides (una de las meninges) que pasan a través de la duramadre hacia los senos venosos durales, permitiendo la reabsorción del LCR en la circulación sanguínea. Además, una parte del LCR puede entrar en los linfáticos nasales, drenando a lo largo de las ramas de los nervios olfatorios y cruzando la placa cribiforme. Esta última vía también permite el drenaje de células presentadoras de antígenos presentes en el LCR hacia los ganglios linfáticos cervicales profundos, conectando el sistema inmune cerebral con el sistémico.

Espacios Perivasculares: Los "Linfáticos" del Sistema Nervioso Central

Los espacios perivasculares, a menudo denominados espacios de Virchow-Robin, son cruciales para el sistema de drenaje del cerebro y han sido objeto de un intenso debate en la neurología. Se definen como el espacio entre las arterias penetrantes del cerebro y la capa de piamadre que se introduce hacia el interior junto con los vasos sanguíneos durante el desarrollo embrionario. A nivel de las vénulas y venas postcapilares cerebrales, las membranas basales endotelial y parenquimatosa permanecen separadas, dejando espacio para un pequeño espacio perivascular que contiene líquido extracelular. Este espacio se extiende a lo largo de toda la vena, abriéndose finalmente al espacio subaracnoideo a nivel de la piamadre. Sin embargo, alrededor de las arterias cerebrales penetrantes, la presencia de la capa de células mesoteliales de la piamadre y su membrana basal asociada separan físicamente las membranas basales endotelial y parenquimatosa.

Tradicionalmente identificados por microscopía electrónica de transmisión, estos microdominios han sido visualizados más recientemente con técnicas de microscopía de fluorescencia y mediante la inyección de trazadores fluorocromo-marcados. La importancia de estos espacios radica en que se considera que sirven como el equivalente del sistema linfático para el cerebro, un sistema que de otro modo estaría ausente en el parénquima cerebral. Recientemente, ha habido una discusión significativa sobre el papel de estos espacios perivasculares en la inmunología del SNC, debido a sus conexiones con el LCR.

Dentro del parénquima cerebral, el fluido, las pequeñas moléculas y las proteínas derivadas de la sangre y la actividad metabólica del tejido neural se recogen en los espacios intersticiales, formando el líquido intersticial (LIF). En humanos, este LIF tiene un volumen total de 90 a 150 ml y se cree que drena del parénquima a lo largo de las membranas basales en las paredes de los capilares y, finalmente, hacia los espacios perivasculares que rodean las arterias, donde se considera que se mezcla con el LCR en el espacio subaracnoideo. De hecho, la inyección de trazadores fluorescentes en el LIF del cerebro muestra que el LIF y los solutos finalmente drenan a los ganglios linfáticos cervicales.

Tradicionalmente, se consideraba que el LCR estaba en gran medida confinado al espacio subaracnoideo y a los espacios perivasculares de Virchow-Robin, y no se pensaba que se infiltrara en el parénquima cerebral y se mezclara con el LIF. Sin embargo, estudios más recientes han desafiado este concepto, sugiriendo que el LCR participa activamente en la eliminación del LIF del parénquima. Estas investigaciones proponen que una gran parte del LCR circula a través del parénquima, fluyendo desde el espacio subaracnoideo a través de los espacios perivasculares que rodean las arterias penetrantes y finalmente pasando al parénquima, un proceso facilitado por el sistema de transporte de agua astrogrial y el canal de agua acuaporina-4, antes de ser eliminado a lo largo de las vías de drenaje paravenosas. Esta nueva perspectiva, a menudo referida como el sistema glinfático, sugiere una mezcla más activa de LCR e LIF dentro del cerebro, lo que podría contradecir estudios anteriores sobre el flujo de fluido a granel.

El desafío en la investigación de estos flujos de fluidos radica en que los estudios a menudo implican la inyección de trazadores en un sistema de baja presión, lo que podría forzar artificialmente el flujo de fluido y explicar los resultados contradictorios. Para visualizar claramente el flujo del LCR y aclarar estas diferencias, sería necesario marcar moléculas de forma no invasiva y específica en el LCR, lo cual es difícil debido a su bajo contenido de proteínas. Una alternativa, aunque también compleja, podría ser el marcaje inducible específico de metabolitos del LIF, ya que el LIF es más rico en proteínas que el LCR, permitiendo análisis espacio-temporales de los metabolitos marcados.

Importancia Funcional y Clínica

La integridad de las células capilares cerebrales y el funcionamiento adecuado de las barreras (BBB y BCSFB), así como la dinámica del LCR y los espacios perivasculares, son cruciales para la homeostasis cerebral. Las características arquitectónicas de los vasos sanguíneos en el cerebro están perfectamente adaptadas para sus tareas específicas, regulando meticulosamente el entorno interno del cerebro.

Alteraciones en estas estructuras y procesos pueden llevar a diversas patologías neurológicas. Por ejemplo, en condiciones como la encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), se observa una acumulación de células T CD45+ entre las membranas basales endotelial y parenquimatosa, formando los llamados manguitos perivasculares. Estas células inmunes se acumulan en estos manguitos durante varios días antes de extravasarse al parénquima cerebral, lo que demuestra la importancia de estos espacios en las respuestas inmunes del SNC. De manera similar, después del inicio de un ictus, los neutrófilos CD45+ circulantes son rápidamente reclutados al SNC en respuesta a la activación de las células endoteliales, pero permanecen en gran medida asociados al vaso, resaltando el papel de la barrera en la contención inicial de la respuesta inflamatoria.

Un buen entendimiento de estas intrincadas redes es fundamental para el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas para enfermedades que van desde trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer, donde la eliminación de proteínas de desecho es clave, hasta enfermedades inflamatorias y autoinmunes que afectan el sistema nervioso central.

Tabla 1: Comparación de Barreras Cerebrales

CaracterísticaBarrera Hematoencefálica (BBB)Barrera Hematoencefalorraquídea (BCSFB)
Ubicación PrincipalCapilares cerebralesPlexo coroideo (ventrículos)
Células PrimariasCélulas endoteliales capilaresCélulas epiteliales del plexo coroideo
Uniones EstrechasPresentes y muy elaboradas en células endotelialesPresentes en células epiteliales (apicales)
FenestracionesAusentes en células endotelialesPresentes en células endoteliales de capilares del plexo coroideo
Función PrincipalRegular el paso de sustancias de la sangre al parénquima cerebralControlar la formación y composición del LCR
Células de Apoyo ClavePericitos, astrocitos (pies terminales)Ninguna específica en la interfaz epitelial

Preguntas Frecuentes (FAQ)

  • ¿Qué sucede si las células capilares cerebrales se dañan?

    Si las células endoteliales de los capilares cerebrales se dañan, la integridad de la Barrera Hematoencefálica (BBB) puede verse comprometida. Esto permitiría el paso incontrolado de sustancias potencialmente dañinas desde la sangre al cerebro, como toxinas, patógenos o componentes inflamatorios, que normalmente serían excluidos. Tal daño puede provocar inflamación cerebral (encefalitis), edema cerebral (hinchazón), disfunción neuronal, y contribuir al desarrollo o progresión de diversas enfermedades neurológicas, incluyendo accidentes cerebrovasculares, esclerosis múltiple, epilepsia, infecciones del SNC y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, donde la eliminación de desechos se ve afectada.

  • ¿Cuál es la diferencia entre el LCR y el LIF?

    El Líquido Cefalorraquídeo (LCR) es el fluido que rodea el cerebro y la médula espinal en el espacio subaracnoideo y llena los ventrículos cerebrales. Se produce principalmente en el plexo coroideo y su función principal es proteger mecánicamente el SNC, proporcionar flotabilidad y eliminar desechos metabólicos a granel. Por otro lado, el Líquido Intersticial (LIF) es el fluido que se encuentra dentro del parénquima cerebral, en los espacios microscópicos que rodean directamente a las neuronas y células gliales. Es el medio en el que se produce el intercambio de nutrientes y productos de desecho a nivel celular, directamente con el tejido cerebral. Aunque tradicionalmente se consideraban compartimentos en gran medida separados, las investigaciones recientes sugieren una interacción más dinámica y un posible flujo bidireccional entre ambos a través del sistema glinfático, lo que implica una mezcla y un drenaje conjunto de desechos.

  • ¿Por qué el cerebro necesita un sistema linfático especial?

    A diferencia de la mayoría de los otros órganos del cuerpo, el cerebro carece de un sistema linfático convencional con vasos linfáticos dedicados para drenar el exceso de fluido y los productos de desecho. En su lugar, el cerebro utiliza un sistema especializado que involucra los espacios perivasculares, a menudo denominados el 'sistema linfático del SNC', que trabajan en conjunto con el LCR. Este sistema, impulsado en parte por las pulsaciones arteriales y facilitado por canales de agua como la acuaporina-4 en los astrocitos (conocido como el sistema glinfático), es crucial para la eliminación de toxinas, metabolitos y proteínas acumuladas durante la actividad cerebral. Sin este sistema de drenaje único, los desechos se acumularían, lo que podría llevar a la disfunción neuronal y al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como la acumulación de beta-amiloide en el Alzheimer. Es un mecanismo adaptativo que compensa la ausencia de vasos linfáticos tradicionales.

Conclusión

Las células capilares cerebrales, en su función como células endoteliales que forman los capilares del cerebro, son mucho más que simples conductos para la sangre. Son los pilares fundamentales de la crucial Barrera Hematoencefálica, una fortaleza biológica que salvaguarda nuestro órgano más vital. Junto con la Barrera Hematoencefalorraquídea formada por el plexo coroideo y la compleja dinámica del Líquido Cefalorraquídeo y los espacios perivasculares, estas células orquestan un sistema complejo y finamente regulado. Este sistema es esencial para la protección, nutrición y limpieza constante del cerebro, manteniendo un ambiente interno extraordinariamente estable. El estudio continuo de estas células y sus interacciones no solo profundiza nuestra comprensión de la fisiología cerebral, sino que también abre nuevas y prometedoras vías para el tratamiento de diversas enfermedades neurológicas, destacando la inmensa importancia de estas pequeñas pero poderosas guardianas de la salud cerebral.

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