¿Cómo se llamaba el caballo blanco de San Martín?

Desmitificando el Caballo Blanco de San Martín

08/03/2020

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La imagen de José de San Martín montando un majestuoso caballo blanco es una de las estampas más icónicas y arraigadas en el imaginario colectivo de Hispanoamérica. Desde las aulas escolares hasta las grandes obras de arte, esta figura ecuestre se ha perpetuado como un símbolo de heroísmo y libertad. Sin embargo, ¿cuánto hay de verdad en esta representación? La historia, a menudo más compleja y fascinante que el mito, nos revela que los fieles compañeros equinos del Libertador fueron de pelajes variados y, en muchos casos, con destinos tan heroicos como el de sus jinetes. Prepárate para desentrañar la verdad detrás de la leyenda y conocer a los verdaderos caballos que galoparon junto a San Martín en la gesta de la independencia.

¿Cómo se llamaba el caballo blanco de San Martín?
El caballo blanco que comúnmente se asocia con José de San Martín no tenía un nombre específico en los relatos históricos. Se le describe como un "bayo de cola cortada al corvejón" en algunos documentos y como un "hermoso alazán tostado de cola recortada y tuse criollo" en otros, lo que sugiere que no era siempre blanco puro, sino más bien de tonos bayos o alazanes. Detalles adicionales: En resumen, aunque se le representa comúnmente en pinturas y esculturas como un caballo blanco, la realidad es que el caballo que San Martín utilizaba en sus campañas era de diferentes colores y no tenía un nombre propio conocido, según el archivo de Facebook de la página de la campaña de San Martín.
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¿Existió realmente el caballo blanco de San Martín?

A pesar de la popularidad de la imagen, los registros históricos son claros: el caballo que comúnmente se asocia con José de San Martín no tenía un nombre específico ni era consistentemente de color blanco puro. De hecho, las descripciones documentales varían. Algunos relatos lo describen como un "bayo de cola cortada al corvejón", un pelaje que va desde el crema claro hasta el tostado, con crines y cola generalmente más oscuras. Otros documentos lo mencionan como un "hermoso alazán tostado de cola recortada y tuse criollo", lo que sugiere un color rojizo o marrón claro. Esta diversidad en las descripciones ya nos da una primera pista: no hubo un único caballo blanco omnipresente.

La prevalencia del caballo blanco en el imaginario popular se debe, en gran medida, a la interpretación artística. Dos obras pictóricas son fundamentales para entender esta percepción. La primera, "Carga de Granaderos", un óleo de 1890 de Ángel Della Valle, si bien muestra a San Martín en un momento crucial del combate de San Lorenzo y presenta un caballo caído, no es el que popularizó la imagen del blanco. La segunda, y quizás la más influyente, es "El abrazo de Maipú" del pintor chileno Pedro Subercaseaux Errázuriz, pintada en 1908. En esta obra, que inmortaliza el triunfo de Maipú, San Martín aparece en un majestuoso caballo blanco, creando una estampa visual poderosa y memorable que caló hondo en la memoria colectiva. Estas representaciones artísticas, aunque simbólicas y cargadas de significado patriótico, no siempre reflejan la exactitud histórica en los detalles del pelaje.

La importancia estratégica de los equinos en las campañas libertadoras

Para el General José de San Martín, el cuidado y la provisión de la caballada fueron elementos tan cruciales como la estrategia militar misma. Los caballos no eran meros medios de transporte; eran el arma sustancial para la guerra, la columna vertebral de sus fuerzas, especialmente de los Granaderos a Caballo. La planificación del ejército libertador consideró cada detalle para asegurar la supervivencia y el rendimiento de estos animales.

Un ejemplo contundente de esta meticulosidad fue el cruce de la Cordillera de Los Andes. Los caballos y mulas fueron abrigados con mantas, todos herrados y, lo más importante, no se les permitió llevar peso excesivo, y mucho menos cargar a un soldado durante el trayecto. El objetivo era resguardar su energía y salud para el combate. La previsión de San Martín llegó al punto de establecer una alianza con los pehuenches en el Parlamento de La Consulta, buscando no solo su apoyo estratégico, sino también el acceso a sus "caballos indios", animales robustos y entrenados para transitar los cerros y quebradas andinas.

Además, San Martín comprendió la necesidad de contar con especialistas para el cuidado de los equinos. Trasladó desde Buenos Aires a Mendoza a los mejores albéitares y herreros de la pampa húmeda, aquellos que, sin poseer títulos universitarios, ostentaban la invaluable experiencia de años trabajando con pingos. Más de mil caballos se concentraron en el campamento de El Plumerillo, y su salud era una prioridad. Aunque los registros de veterinarios diplomados en la época colonial eran escasos (apenas Juan Cordero Margallo en 1613 y Gabriel Izquierdo a fines del siglo XVIII), la habilidad empírica de estos hombres fue fundamental para mantener la caballería en óptimas condiciones.

El caballo de San Lorenzo: Un regalo y un sacrificio

Una de las batallas más emblemáticas en la carrera militar de San Martín fue el Combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813. En este enfrentamiento, el Libertador no montaba un caballo blanco. Según Bartolomé Mitre, en su "Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana" (1887), San Martín montaba "un arrogante caballo bayo de cola cortada al corvejón, militarmente enjaezado". Este animal había sido un regalo de Pablo Alfonso Rodrigañez, un hacendado de la zona de San Lorenzo, obsequiado al General el día anterior al combate.

¿Qué pasó con el caballo blanco de San Martín?
Lo cierto fue que ese caballo murió en el mismo enfrentamiento por una descarga de fusilería. El equino había sido el regalo de un vecino de San Lorenzo el día anterior al combate. Pablo Alfonso Rodrigañez, un hacendado de la zona, fue quien le obsequió ese bayo al General.

El destino de este valiente equino fue trágico y heroico. Murió en el mismo enfrentamiento, víctima de una descarga de fusilería enemiga. La caída del caballo provocó que San Martín quedara atrapado bajo su peso, un momento de extremo peligro que fue inmortalizado en el cuadro de Della Valle. Fue en esa crítica situación cuando el coraje de sus granaderos se manifestó: el granadero Juan Bautista Cabral, junto con el casi olvidado granadero Baigorria, acudieron en su auxilio, salvando la vida del General. La anécdota cuenta que, incluso en medio de la caída, San Martín gritó a su ayudante Manuel de Escalada: "reúna usted el regimiento y vayan a morir". Este episodio subraya no solo la valentía de los soldados, sino también el sacrificio de los animales que los acompañaban en cada paso.

Un récord de velocidad equina: La marcha de los Granaderos

Más allá de las batallas y los héroes humanos, la logística y la movilidad de las tropas sanmartinianas también dejaron su huella en la historia. La movilización previa de los Granaderos a Caballo desde Buenos Aires hasta San Lorenzo es un testimonio del excepcional rendimiento de la caballería y de la planificación militar. Este evento está registrado en los anales de la historia universal como la marcha nocturna más rápida llevada adelante por una guarnición militar.

Para evitar el abrasador calor de los días de verano, el contingente patriota, compuesto por 150 Granaderos, comenzó su marcha desde Retiro al atardecer del 28 de enero de 1813. Siguiendo el camino de la "carrera al Paraguay", recorrieron 420 kilómetros en tan solo 5 días, finalizando el trayecto la noche del 2 de febrero. Esto implica un promedio impresionante de 80 kilómetros por día. Un logro que demuestra la resistencia de los caballos criollos y la disciplina de los hombres que los montaban, pilares fundamentales de la estrategia sanmartiniana.

Decano: El verdadero compañero leal de San Martín

Si bien la historia universal recuerda a famosos caballos como "Bucéfalo" de Alejandro Magno, "Babieca" del Cid Campeador o "Marengo" de Napoleón, pocos conocen al verdadero compañero equino favorito de José de San Martín: un caballo llamado Decano. Este noble animal, más allá de los mitos y las representaciones artísticas, fue quien acompañó al Libertador en las batallas más decisivas de la campaña libertadora, desde Cuyo hasta Perú.

Decano fue criado por Miguel de los Santos Cajaraville (1794 – 1852), quien más tarde ascendería a capitán de los Granaderos a Caballo. San Martín, reconociendo el coraje y la valía de Cajaraville, lo apodó cariñosamente "el guapo". Este "guapo" Cajaraville no solo fue un valeroso soldado de mil batallas, sino también el criador de "Decano", al que el coronel Manuel de Pueyrredón (sobrino del director supremo) calificó como "el mejor caballo del ejército patriota, enseñado para la guerra".

Decano nació en la estancia "La Magdalena" de los Cajaraville, ubicada en lo que hoy es el pueblo de la Estación Ferroviaria Bartolomé Bavio, en el partido de Magdalena, provincia de Buenos Aires. Parido bajo un gran ombú, fue luego trasladado desde la pampa bonaerense hasta Mendoza. Aunque San Martín cruzó Los Andes a lomo de una mula –por la misma razón de preservar a los caballos para el combate–, fue el bravo Decano quien lo acompañó en las batallas fundamentales.

Su pelaje era un colorado malacara, con una mancha blanca en la frente, un rasgo distintivo que lo diferenciaba claramente del imaginario caballo blanco. Los especialistas lo consideraron el criollo fundador de la Caballería Argentina. Era un corcel brioso, de valentía y entrega sin límites, que resultó herido en varias batallas, incluyendo la de Maipú, donde estuvo al borde de la muerte. Alberto Joury lo describe como un caballo "de buen pie, de andar suelto y rápidos movimientos. Tenía un carácter activo, era enérgico y dócil y siempre estaba atento a lo que le dictaba con sus riendas el criador y granadero Cajaraville. Rústico y resistente, lideraba la vanguardia con su enorme recuperación en el campo de batalla".

¿Qué pelaje era el caballo de San Martín?
Por eso la confusión? Es una historia que me contaron desde pequeña. Muy buena la opinión de todos, pero finalmente bayo amarillo, también llamado "palomino", o bayo cabos negros, lo importante es que finalmente sabemos que el Gral. San Martin, en el combate de San Lorenzo, usó un caballo de pelo bayo.

El coronel Olázabal, amigo de San Martín, en sus "Episodios de la Guerra de la Independencia", hace un justo recuerdo de este "famoso caballo colorado de Cajaraville, tan conocido en el ejército del Alto Perú y de Los Andes". Decano murió ciego alrededor de 1825, en un viejo galpón de la misma estancia de Magdalena donde nació. Había regresado con honores, un verdadero héroe que, como lo describió el escritor Carlos Raúl Risso, "soportó los fragores de la guerra y el soldado devolvió al campo de donde salió, para que allí muriera en libertad".

La Patria se hizo a caballo

La épica de la independencia sudamericana está intrínsecamente ligada a la figura del caballo. Estos nobles animales no solo fueron herramientas de guerra, sino compañeros leales que compartieron las penurias y las glorias de sus jinetes. La poesía popular ha sabido capturar esta esencia, como en la inolvidable "Caballito Criollo" de Belisario Roldán:

“Caballito criollo del galope corto, del aliento largo y del instinto fiel / Caballito criollo que fue como un asta, para la bandera que anduvo sobre él /Caballito criollo que de puro heroico se alejó una tarde de bajo de su ombú y en alas de extraños afanes de gloria se trepó a Los Andes y fue al Alto Perú".

Sin saberlo en nuestra infancia, al recitar estos versos, estábamos honrando a "Decano" y a todos los caballos criollos que, con su resistencia y valentía, fueron pilares fundamentales en la construcción de la Patria. La historia de San Martín y sus caballos es un recordatorio de que cada gran gesta tiene héroes silenciosos, a menudo olvidados, pero cuya contribución fue indispensable.

Mito vs. Realidad: Los caballos de San Martín

Para clarificar las diferencias entre la imagen popular y los datos históricos, presentamos una tabla comparativa:

AspectoImaginario PopularRealidad Histórica
Pelaje más común asociadoBlanco puroPrincipalmente bayo, alazán tostado o colorado malacara
Nombre conocidoNo suele mencionarse, se asocia "el caballo blanco"El caballo favorito y más reconocido fue "Decano"
Caballo de San LorenzoA veces se confunde con el "blanco"Un caballo bayo, regalo de un hacendado local, que murió en combate
Caballo de "El abrazo de Maipú"Representado como blanco en la famosa pinturaSan Martín montó a "Decano", un caballo colorado malacara
Importancia históricaSimbolismo de pureza y heroísmoVital para la movilidad y estrategia militar, héroes anónimos de la independencia

Preguntas Frecuentes (FAQs)

  • ¿El caballo de San Martín era realmente blanco?

    No, la imagen del caballo blanco de San Martín es una representación artística popularizada por pinturas como "El abrazo de Maipú". Históricamente, San Martín montó caballos de diferentes pelajes, como bayos, alazanes tostados y colorados malacara. No hay registros de un caballo blanco específico que lo acompañara constantemente en sus campañas.

  • ¿Cuál fue el caballo más famoso o preferido de San Martín?

    El caballo favorito y más conocido de San Martín se llamaba Decano. Era un caballo criollo de pelaje colorado malacara, criado por Miguel de los Santos Cajaraville. Decano acompañó al Libertador en varias batallas clave de la campaña libertadora, desde Cuyo hasta Perú, y fue reconocido por su valentía y resistencia.

  • ¿Qué pasó con el caballo que San Martín montó en el Combate de San Lorenzo?

    En el Combate de San Lorenzo, San Martín montaba un caballo bayo que le había sido obsequiado el día anterior por un hacendado local. Este caballo murió en el mismo enfrentamiento, tras ser alcanzado por una descarga de fusilería, dejando a San Martín atrapado bajo su cuerpo hasta que fue socorrido por sus Granaderos, como Cabral y Baigorria.

  • ¿Cómo se cuidaban los caballos del ejército de San Martín?

    San Martín le dio una importancia fundamental al cuidado de su caballada. Los caballos y mulas fueron abrigados y herrados para el cruce de los Andes, y no se les permitía llevar peso excesivo. Además, se trasladaron a los mejores albéitares y herreros de la época a los campamentos para garantizar su salud y recuperación, reconociendo su rol crucial en la guerra.

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