09/11/2017
Nepal, una tierra mística enclavada en la majestuosa cordillera del Himalaya, es mucho más que sus imponentes picos; es un crisol de culturas ancestrales y creencias profundas donde el arte se entrelaza con lo espiritual y lo social. En este vibrante escenario, un color en particular, el rojo, emerge como un poderoso símbolo, cargado de significados que van desde la adoración divina hasta la reivindicación feminista. Este artículo se sumerge en el fascinante universo del grabado contemporáneo nepalí para desentrañar las múltiples capas de significado que el color rojo ha adquirido a lo largo de los siglos, reflejando la compleja identidad de la mujer nepalí en un diálogo constante entre la tradición milenaria y las corrientes modernas de pensamiento. Exploraremos cómo este pigmento, desde su papel en el culto a la diosa Śakti hasta su uso audaz por artistas contemporáneas, se ha convertido en un estandarte de energía creadora, poder destructivo y, sorprendentemente, un vehículo para la expresión feminista en un contexto transcultural.

El Rojo Femenino: La Esencia de la Śakti y el Tantrismo
En las bulliciosas calles de Katmandú, entre el tráfico y los santuarios ancestrales, el color rojo es una presencia constante y sagrada. No es una casualidad que este tono vibrante sea el elegido para el bindu que decora la frente de las mujeres casadas, ni que la Kumari, la niña-diosa viviente de Nepal, vista siempre de rojo como símbolo de su divinidad hasta su primera menstruación. Estas prácticas, arraigadas en el día a día, son vestigios de un pensamiento mucho más profundo y ancestral: el tantrismo, una filosofía que venera la energía femenina como la fuerza primordial del universo, conocida como Śakti.
El tantrismo, descubierto por los misioneros occidentales a finales del siglo XVIII y a menudo malinterpretado o censurado por su carácter “salvaje” e “inmoral” en contraste con las doctrinas puritanas, es en realidad un vasto entramado de teorías y prácticas que se remonta a la civilización del Valle del Indo (3500 a.C.). Desde sus orígenes, el culto a la Śakti no se limita a la capacidad biológica procreadora de la mujer, sino que abarca un concepto mucho más amplio de lo femenino como la energía dinámica que todo lo crea y destruye, la māyā que envuelve el universo material. Esto se evidencia en las antiguas estatuillas votivas del Indo, algunas de las cuales presentan órganos genitales exagerados, sugiriendo seres andróginos que encarnan la dualidad de la energía creadora.
Con la llegada de las invasiones arias, el pensamiento tántrico se fue adaptando a una cultura más guerrera y patriarcal, dando origen a diversas escuelas ascéticas. Entre ellas, los Śaktas, adoradores de la Śakti, son particularmente relevantes. Visten de color rojo en representación de la sangre menstrual y aceptan a las Yoginis (mujeres sādhu) en su congregación. Adoran a la Śakti a través de figuras como Durgā, la “gran destructora”, cuya forma mahiṣāsuramardiṇī simboliza la aniquilación de la ignorancia. El rojo, en este contexto, es un color de poder, de vida y muerte, de creación y disolución, intrínsecamente ligado a la fuerza primordial de lo femenino.
En los años 60 y 70, Katmandú se convirtió en un imán para el movimiento hippie occidental, atrayendo a jóvenes extranjeros fascinados por la simbología tántrica. Aunque esto llevó a una proliferación de negocios turísticos y copias de arte tradicional, también trajo nuevas ideas creativas y sociales que impulsaron el arte contemporáneo nepalí hacia la abstracción y el surrealismo, utilizándolo como medio de manifestación política. Fue en este contexto que artistas visionarias comenzaron a fusionar la herencia tántrica con las nuevas tendencias. Un ejemplo pionero es Urmila Upadayay Garg (1939), quien estudió grabado en París y Canadá. Sus aportaciones a principios de los 70 la establecieron como una figura clave en el movimiento del arte neo-tántrico en Katmandú. En obras como “Composition II”, Upadayay utiliza el rojo como fondo para representar la energía Śakti en el momento de la separación de los opuestos (Śiva y Śakti), simbolizando el infinito proceso de creación y destrucción del universo.
El Grabado Tradicional Nepalí: Un Legado de Color y Detalle
El grabado, en sus diversas formas, ha sido una parte integral de la expresión artística en Asia durante milenios. El vestigio más antiguo de grabado tradicional asiático, basado en el estampado con bloques de madera, se encuentra en el “Diamond Sutra”, un libro budista impreso en China en el siglo I. Se cree que esta técnica se diseminó desde China, llegando a la India alrededor del siglo XII y a Nepal en el siglo XIV. En Nepal, la xilografía tradicional con bloques de madera ha sido practicada por la casta newār de los Chhipa, cuyo nombre deriva de términos que significan “entintar” y “secar al sol”, así como “estampar”.
Originarios de Rajastán, al norte de la India, los Chhipa se especializan en el estampado de telas de algodón con bloques de madera tallados, un arte transmitido oralmente y de forma práctica entre generaciones. Las técnicas varían, como la Bagru, que usa patrones oscuros sobre fondos claros, o la Dabu, que crea motivos claros sobre fondos oscuros. Antiguamente, los colores se preparaban con frutas y hierbas, aunque hoy en día se usan tintes químicos. La talla de los bloques en sí misma es un trabajo meticuloso que requiere una gran habilidad, creando patrones curvilíneos y orgánicos de asombrosa complejidad. Tradicionalmente, la talla de la madera era una labor masculina, mientras que el entintado y estampado sobre las telas de algodón recaía en las mujeres, cuya colaboración era fundamental, ya que los talleres a menudo se ubicaban en el hogar.
En Nepal, los artistas newār mantienen la costumbre de imprimir imágenes específicas para ocasiones religiosas. Durante el festival tántrico de nāgapanchami, por ejemplo, se estampa la imagen de una serpiente (nāga) sobre papel o alrededor del marco de las puertas para protección. Estas imágenes, relacionadas con el culto a la lluvia y la fertilidad, suelen ser impresas y coloreadas por mujeres desde sus hogares.
Además de la xilografía, la habilidad de los newār en el huecograbado y el repujado sobre metal es excepcional. Realizan diseños intrincados de entidades divinas en objetos sagrados de oro, plata o bronce, caracterizados por finas líneas y un detallismo extremo. A diferencia de la xilografía, el huecograbado nepalí tradicional no se entinta; la plancha metálica es la obra final. Esta práctica, a diferencia de la xilografía, es predominantemente realizada por los hombres.
La Fusión de Mundos: Influencia Occidental y el Nacimiento del Grabado Feminista
El uso de planchas metálicas para ser entintadas e impresas sobre papel, tal como lo conocemos hoy, no llegó al valle de Katmandú hasta finales del siglo XVIII con la llegada de los británicos, especialmente a través de la figura del coronel William Kirkpatrick. Aunque sus grabados de Katmandú no fueron inicialmente valorados por ser “demasiado realistas”, su presencia marcó el inicio de una nueva era para el arte nepalí, exponiéndolo a técnicas occidentales.
La cuestión de la “nepalidad”, o el constructo cultural de Nepal, se volvió crucial tras este contacto con el mundo exterior. Durante el régimen político Panchayat (1960-1990), el gobierno impulsó la modernización del país, pero siempre buscando reflejar la cultura tradicional como símbolo de identidad nacional. Curiosamente, esto no significó la promoción de las técnicas ancestrales de grabado, sino la apropiación del arte occidental, como el dibujo y la pintura realista, para representar el escenario nepalí de templos y montañas.
La primera escuela de arte nepalí, la Juddha Kala Pathsala, abierta en 1940, inicialmente buscaba nuevos diseños para la industria textil a través de la xilografía tradicional, pero pronto se centró en la enseñanza del dibujo y la pintura clásica occidental. Un ejemplo de esta adaptación y promoción de la nepalidad a través de nuevas técnicas es la Dra. Sheema Sharma Shah (1966-), una de las artistas más prestigiosas en el grabado contemporáneo. Su obra fusiona la imaginería ancestral tántrica, budista e hinduista de los newār con la técnica del grabado en hueco con aguatinta sobre metal. Lo más notable es su persistente uso del rojo para representar la energía creadora de lo femenino sobre las divinidades que se multiplican en sus grabados, llenando el espacio en un sentido de horror vacui. En obras como “Ganesh with Bahan”, el rojo no es solo un color, sino la manifestación visual de la Śakti que impregna el universo.
Voces en Rojo: Artistas Feministas y su Reivindicación
Si bien el uso del rojo por artistas como Urmila Upadayay Garg y Sheema Sharma Shah es un indicativo de lo femenino dentro de la cultura tántrica tradicional y la nepalidad, la influencia occidental también trajo consigo ideales de feminismo e igualdad social que permearían la obra de artistas más contemporáneas, dándole al rojo una nueva dimensión reivindicativa.
Ashmina Ranjit (1966), artista visual y performer experimental, es un claro ejemplo de esta evolución. Su obra redefine la identidad femenina nepalí, cuestionando los roles culturales de las mujeres, el género social, la experiencia física y la sexualidad. Aunque su trabajo actual es más político y performativo, sus inicios fueron en la litografía. En sus series “Women and Sensuality” (1998) y “Cultural Body” (1999), Ashmina reproduce la vestimenta y joyería tradicional nepalí en color rojo, pero omite el rostro de la mujer que las lleva. Este gesto audaz busca reivindicar el pensamiento feminista, creando un efecto “fantasma” donde la prenda y el rojo se convierten en significantes culturales que definen a las mujeres de Nepal. El rojo es aquí ambiguo: símbolo de matrimonio y pureza, pero también de la sangre menstrual y el sacrificio ritual.
Ranjit declara que el cuerpo es su “arma de combate personal” contra el dominio patriarcal. Tras su formación en Australia, comenzó a explorar el feminismo en su arte, presentando sus litografías con dificultades y controversia social en Nepal. Su obra busca el espacio “delicado pero poderoso” entre la subjetividad y la objetividad, donde reside la feminidad, invisibilizada por los roles sociales impuestos. La ambigüedad del rojo se convierte en un reflejo de esta lucha interna y externa.
Contemporánea de Ashmina Ranjit, Saurganga Darshandari (1980) también ha combinado el grabado con la performance, utilizando el rojo como una herramienta central. Influenciada por las primeras litografías de Ranjit, su obra se centra en cuerpos femeninos sin rostro, aludiendo a las mujeres que usan el burka en Bangladesh, una experiencia que la marcó profundamente. Aunque Saurganga se describe como una artista “femenina” más que “feminista”, las connotaciones políticas de su trabajo son evidentes en su comparación de la “asfixia” experimentada por las mujeres musulmanas con la que sienten las mujeres en su propio país.
El trabajo de Saurganga, catalogado dentro del surrealismo contemporáneo nepalí, se caracteriza por grabados a la aguatinta de carácter onírico y gran carga poético-visual. Hablan de la paradoja de lo femenino en la adoración a la Śakti tradicional frente a los problemas de desigualdad social. En su obra “Plug 2012”, el rojo, casi como un mandala, destaca un objeto mecánico sobre la nuca de una mujer anónima, mirando hacia la oscuridad. Esto simboliza la creciente soledad en una sociedad hiperconectada por las nuevas tecnologías, un comentario sombrío sobre cómo la modernidad puede traer nuevas formas de aislamiento, incluso dentro de la identidad femenina.
Tabla Comparativa: El Uso del Rojo en el Grabado Femenino Nepalí
| Característica | Artistas Tempranas (Urmila Upadayay Garg, Sheema Sharma Shah) | Artistas Contemporáneas (Ashmina Ranjit, Saurganga Darshandari) |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Lo femenino como energía Śakti; nepalidad y herencia cultural tántrica. | Cuestionamiento de roles de género; reivindicación feminista; identidad femenina en sociedad patriarcal. |
| Simbología del Rojo | Energía creadora, divinidad, poder cósmico, manifestación de la diosa. | Identidad cultural femenina (vestimenta), ambigüedad (pureza/sangre), arma de combate contra patriarcado, soledad. |
| Técnicas Preferidas | Grabado en hueco, aguatinta, litografía (Upadayay Garg). | Litografía, aguatinta, performance; experimentación con el cuerpo. |
| Representación de la Figura Femenina | Integrada en iconografía divina, a menudo idealizada o simbólica. | Cuerpos sin rostro, anónimos, siluetas, buscando la subjetividad oculta. |
| Mensaje Subyacente | Celebración y reinterpretación de la tradición tántrica en el arte moderno. | Crítica social, exploración de la identidad femenina, denuncia de la opresión. |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Por qué es el rojo un color tan importante en la cultura nepalí?
El rojo es fundamental en Nepal por su profunda conexión con la adoración a la diosa Śakti, la energía femenina primordial. Simboliza la creación, la destrucción, la sangre menstrual, la fertilidad, el matrimonio y la divinidad. Es un color de poder, vida y ritual, presente en ofrendas, vestimentas sagradas y decoraciones.
¿Cómo influyó el tantrismo en el arte nepalí?
El tantrismo es la base filosófica del arte nepalí, especialmente en su representación de lo femenino. Promueve la adoración de la Śakti como la fuerza dinámica del universo, lo que se traduce en el arte a través de la iconografía de deidades femeninas, el uso de colores simbólicos como el rojo y la exploración de conceptos de creación y disolución. Artistas contemporáneos lo reinterpretan en el neo-tantrismo.
¿Qué significa la “nepalidad” en el contexto del arte contemporáneo?
La “nepalidad” es el constructo cultural de la identidad de Nepal. En el arte contemporáneo, se refiere a cómo los artistas nepalíes integran elementos de su rica herencia cultural (como la imaginería tántrica, budista e hinduista) con técnicas y conceptos artísticos importados de Occidente, manteniendo así una identidad nacional distintiva frente a la homogeneización global.
¿Cómo se manifiesta el feminismo a través del grabado en Nepal?
El feminismo en el grabado nepalí se manifiesta a través de la representación de la mujer de maneras que cuestionan los roles de género y las estructuras patriarcales. Artistas utilizan símbolos culturales (como la vestimenta tradicional y el color rojo) para explorar temas de identidad, cuerpo, sexualidad y opresión, a menudo omitiendo rostros o creando imágenes ambiguas para resaltar la invisibilidad o la lucha de la mujer en la sociedad.
¿Qué diferencia a las artistas nepalíes tempranas de las contemporáneas en su uso del color rojo?
Las artistas tempranas, como Urmila Upadayay Garg y Sheema Sharma Shah, empleaban el rojo principalmente para aludir a lo femenino en el contexto de la cultura tántrica y la nepalidad, celebrando la energía divina de la Śakti. Las artistas contemporáneas, como Ashmina Ranjit y Saurganga Darshandari, aunque reconocen este sustrato cultural, utilizan el rojo con una intención más explícitamente feminista y política, convirtiéndolo en un símbolo de protesta, reivindicación y la compleja situación de la mujer en una sociedad patriarcal.
Conclusión
El color rojo, en la rica cultura ancestral tántrica de India y Nepal, es un pilar fundamental, intrínsecamente ligado a la veneración de la diosa Śakti como la madre naturaleza. En estas culturas, predominantemente agrarias, lo femenino siempre ha sido adorado como la fuente de toda creación y destrucción, siendo el rojo su tono principal, conectado directamente con los aspectos menstruales y el color de la sangre en el sacrificio ritual. El grabado en Nepal, desde tiempos inmemoriales, ha sido una técnica esencial para la creación de imágenes religiosas que complementan este ritual. Sin embargo, la llegada de las influencias occidentales al Valle de Katmandú en el siglo XX provocó una fascinante hibridación de las antiguas técnicas e ideales femeninos tántricos con las nuevas metodologías y las crecientes políticas feministas.
Este artículo ha explorado cómo el color rojo se erige como el protagonista y nexo común en las obras de una selección de grabadoras contemporáneas nepalíes, cuyas creaciones se desarrollan en diferentes momentos de la evolución social del país. Mientras que las artistas más tempranas, Urmila Upadayay Garg y Sheema Sharma Shah, utilizan el rojo en alusión directa a lo femenino dentro de la cultura tántrica y la nepalidad, valorizando aspectos de su tradición y diferenciando sus obras de la homogeneización global, las contemporáneas, Ashmina Ranjit y Saurganga Darshandari, lo abrazan como un arma feminista. Lo emplean recurrentemente en sus grabados y performances, convirtiendo sus propios cuerpos en el foco de sus obras políticas, sin por ello olvidar el profundo sustrato femenino de su cultura como base creativa.
En última instancia, el uso constante y deliberado del color rojo por estas artistas revela una profunda contradicción: la de pertenecer a una tradición que adora a la Śakti y a la madre naturaleza como diosa, al mismo tiempo que sus cuerpos son subyugados por una tradición paralela que es esencialmente patriarcal. El estudio de estas obras contemporáneas desde una perspectiva histórico-artística subraya la relevancia de comprender los complejos procesos culturales y sociales de transformación y cambio que estas culturas han experimentado de manera paulatina, llevando sus expresiones artísticas a un diálogo vibrante entre lo ancestral y lo contemporáneo, lo divino y lo humano, lo idealizado y lo reivindicado.
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